Reloj de la Auditoría General de la Nación

Un rincón veneciano en un palacio porteño, con su reloj de autómatas que tocan la campana para dar la hora

¿Añoranza? ¿Delirio? ¿Altruismo? ¿Orgullo por sus raíces? Cien años atrás, el médico y bacteriólogo Silvio Dessy y el arquitecto Atilio Locati, ambos italianos, se pusieron de acuerdo para legar una obra que pudiera conformar un auténtico rincón veneciano en la Ciudad de Buenos Aires; concretamente en el límite entre Balvanera y San Nicolás. El Palacio del Congreso de la Nación y la Confitería del Molino ya eran dos faros. Entonces Dessy y Locati sumaron el Palacio Biol.
Ex sede de la empresa que había fundado Dessy, el Instituto Biológico Argentino, y actual edificio de la Auditoria General de la Nación (AGN), el palacio fue coronado con un reloj monumental que es mellizo de otro que se encuentra en la Piazza San Marco de Venecia, en Italia.
Locati y Dessy vieron en la cúpula del Congreso una similitud con la Basílica de San Marcos. Y en la Confitería del Molino, con su particular cúpula «alargada», un reflejo del Campanile veneciano. Faltaba una obra que pudiera recrear la Torre dell’ Orologio y entonces la construyeron en Rivadavia 1745.
Para realizar el mismo reloj, incluso con los dos autómatas que a cada hora golpean una campana, contrataron a la empresa italiana Fratelli Miroglio, quienes también construyeron el de la torre veneciana.
La fachada del edificio en 1927. El tránsito circulaba desde el Congreso hacia Plaza de Mayo. Foto de Rose y Gómez, gentileza del archivo de Alberto Selvaggi.La fachada del edificio en 1927. El tránsito circulaba desde el Congreso hacia Plaza de Mayo. Foto de Rose y Gómez, gentileza del archivo de Alberto Selvaggi. La zona tenía -y conserva- un gran valor patrimonial y además quedaría atravesada por edificios significativos para la Ciudad construidos también por italianos, desde el Palacio Barolo de Mario Palanti hasta el Hotel Majestic de Federico Collivadino e Italo Benedetti, o La Inmobiliaria, de Luis Broggi, con sus dos cúpulas rojas sobre Avenida de Mayo.
Tanto la construcción del reloj del Palacio Biol, como su posterior restauración (cuando el edificio ya estaba en manos de la AGN), fueron dos momentos centrales para el acervo patrimonial de la Ciudad.

Sobre el proyecto

Este mecanismo, construido por la firma italiana Fratelli Miroglio, incorpora un sistema de dos autómatas mecánicos que hacen sonar una campana cada hora, convirtiendo a la estructura y a su posterior restauración en una pieza de alto valor patrimonial dentro del corredor arquitectónico ítalo-argentino de la ciudad.

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