Jorge Campos es uno de los pocos maestros relojeros capacitados para hacer funcionar los grandes relojes monumentales de la Argentina. Su vocación es devolverle el latido a los colosos mecánicos que vigilan los edificios históricos del país y que han marcado el ritmo de sus ciudades durante generaciones.
El camino de Jorge en este complejo oficio comenzó hace más de cuatro décadas. En el año 1989, fundó la empresa Serviclock. Aunque en sus inicios la compañía se dedicaba a reparar relojes mecánicos de control de personal para empresas, pronto la verdadera pasión de ambos los llevó a las alturas: el rescate y la conservación de la relojería monumental.
Campos tuvo el inmenso honor de formarse y aprender los secretos de esta profesión de la mano de su mentor, el maestro Alberto Selvaggi, considerado el mayor referente histórico en esta especialidad en la Argentina. Bajo su tutela aprendió que en este oficio no existen atajos mágicos, sino que exige estudio, dedicación y la transmisión paciente de los años de experiencia.
A lo largo de su trayectoria, ha tenido el privilegio de trabajar con las piezas de relojería más emblemáticas del patrimonio nacional. Entre las restauraciones más destacadas de su carrera se encuentran:
- La Estación Belgrano (Santa Fe): La recuperación y puesta en marcha integral de sus históricos relojes.
- La Catedral de Morón (Buenos Aires): La compleja restauración de su histórico reloj de torre fabricado en 1904. Gracias al minucioso trabajo de su equipo, lograron que el instrumento volviera a dar la hora tras más de 20 años de absoluto abandono.
- Presidencia de la Nación
- Cancillería Argentina
- Basílica de Luján
- Banco Central de la República Argentina
- Sindicatura General de la Nación
- Auditoría General de la Nación
- Reloj de la Puerta del Sol (Madrid)
- Más de 250 relojes fabricados.
Subir decenas de metros por escaleras estrechas para llegar a los campanarios y mantener máquinas centenarias que en muchos casos requieren que se les dé cuerda manualmente todas las semanas es una tarea sumamente exigente. Sin embargo, para Jorge Campos no es simplemente un trabajo. Lo hace estrictamente por vocación, por un profundo interés y por el gusto inmenso de preservar vivo el patrimonio mecánico argentino.
Su mayor recompensa como artesano de los engranajes es asegurar que estas verdaderas obras de arte de la ingeniería sigan acompañando la vida cotidiana, las celebraciones y la historia de las comunidades por muchos años más.